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Pocos se lo hacen solo con un saxo, de Fela Kuti hasta Courtney Pine

Ha sido una gran sorpresa poner la cinta grabada de Yo Yo Kilili, rescatada de la buhardilla de mi mujer, con muchísimo cariño. Yo Yo Kilili fue una formación con la que descubrí la magia de la improvisación y la madre de toda música secular, la música africana. Fue hace diez años, cuando vivía en Edimburgo.

El repertorio consistía en piezas de Rabih Abou Khalil (Líbano), Ali Hassan Kuban (la castigada, Nubia), Radio Tarifa, Abdel Gadir Salim, y otros tantos artistas anónimos, y canciones tradicionales, rescatados de cintas vírgenes que guardaba con mimo envidiable el bajista, Dmitri Ussanov. El gutarrista, Philip Adie, diestro en el flamenco y en la improvisación, y el percusionista Guy, de Salsa Céltica (recomiendo pinchar en el enlace, tienen muy buenos vídeos), son los únicos que disponen un rastro online.

El saxo era la única voz del grupo, apoyado en tablas hindús, jembé, cajón y darbuka, bajo, laud y guitarra eléctrica. Era una frikada, melodías rítmicas con paso a la improvisación. En los tres primeros temas, me he escuchado con fuerza, lo que me ha recordado que sólo hace falta amar lo que tocas para llegar al público, y liarla :). Pero después… ay después. Las frases dejan de tener sentido, y ante la agonía sólo soplo con más fuerza y menos cabeza. Agonizo. Arrastro al grupo, y estaría mejor calladito. Sólo resurgiré en el último tema, un tema genial de Najat Aatabou.

Y es que yo no soy líder musical. Me encuentro cómodo de side man. Necesito tomar un respiro, dar de beber al Hommer que llevo dentro, y bajar a ver a mis colegas. Vamos, que soy más vaguete 🙂

Es importante saber dónde encajas. Para liderar un grupo hay que tener ciertas cualidades que no tenemos todos los músicos. Ejercer de líder, vacilando al público, dando el espacio que cada músico necesite, ser siempre el punto de retorno, abrir y cerrar las canciones con la misma diligencia.

Sólo en el jazz han abundado saxofonistas (en general, vientos) líderes musicales, a partir de la década de los 50, y no suelen brillar por tener chispa oral con el espectador, sino por su virtuasismo. Las estrellas saxofonistas que rompieron con la barrera del jazz, y alcanzaron otras audiencias, comenzaron a surgir a partir de los 70.

Fela Kuti

Fela Kuti (rey del Afro-Beat) fue el primero, y quizás el de más relevancia, pues su música estaba fundada en su denuncia social, resumida la máxima: Free Nigeria. Le costó la vida a su madre, y años de prisión a él. Arrastró masas. Mi canción favorita es la balada Trouble Sleep Yanga Wake Am.

Kenny G, abanderado por su saxo soprano, es de los pocos que ha conseguido posicionarse entre las masas como saxofonista solista de pop, y traspasar las fronteras de EEUU en esta modalidad.

Maceo Parker es un roady, capaz de poner cualquier sala en pie, a ritmo de su groove funky, we love you, formado en la antigua banda de James Brown, y ahora también abanderado saxofonista de Prince. Sin duda de mis favoritos.

Courtney Pine, pop/electro/jazz, llena las mayores salas del Reino Unido desde los 90. Un virtuoso pa flipar.

Candy Dulfer, saxofonista funky danesa, la apodan la Maceo Parker femenina, por similaridad de estilos. Más fría ella, pero vale la pena verla en directo.

King Curtis, funky, famoso por su Memphis Soul Stew, dejo vídeo.

Qué poquitos puedo contar. O no soy el único saxofonista que prefiere refugiarse tras el talento de otros líderes musicales, o es realmente difícil hacértelo solo con el saxo.

King Curtis & The Pimpkings, Memphis Soul Stew

 

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Soportes musicales

Dominical Missal partitura

Leo en esta entrada de wikipedia, que el copyright se inventó por primera vez en la corte de la reina Isabel I, como concesión económica a los compositores de la corte Thomas Tallis y William Byrd. Hablamos del siglo XVII.

La primera transcripción al medio impreso de una canción, fue el Mainz Psalter, en Alemania, en el S XV.

Estos era entonces los medios de los que disponían los clérigos para memorizar música, y más tarde organizarse y cantar misas en conjunto.

En las cortes, disponer de los mejores compositores era un objetivo compartido en Europa. Al compositor en cuestión se le pagaba por crear para el rey, y por tanto, dejar registradas sus obras para la posteridad. Además, al tratarse de obras interpretadas por muchos músicos a la vez, música de cámara, había que coordinar a todos los músicos. La partitura fue el medio utilizado para esta organización.

Aún recuerdo cuando intentaba fotocopiar obras para saxofón, y resultaba que estaban editadas en un tamaño superior al A4, para jorobar y que no quedaran bonitas. Para proteger el copyright.

Los compositores tenían la música en la cabeza, y la registraban en la partitura. Esto es un hecho que se ha olvidado en la enseñanza musical de hoy por hoy. – La música siempre se debe concebir de dentro hacia afuera -. Además, a lo largo de la historia la tecnología ha hecho posible que la partitura evolucione a vinilo, casette, CD, mp3 con DRM (esto no era necesario), mp3 sin DRM, y en formato audiovisual. La distribución de la misma ha pasado de ser física, a virtual o ipsofacto, gracias a internet.

Hoy por hoy, la música fluye por internet. Ya no son necesarias las partituras, aunque sí pueden ayudar para trabajar de manera organizada. Por ejemplo las orquestas, que siempre la necesitarán.

Ya nunca practico el saxo con partituras, a pesar de haberlo hecho, y mucho, en el pasado. Youtube, iTunes, y otros recursos audio o audiovisuales me permiten acceder a cualquier música que deseo escuchar y trabajar. La escucho repetidamente, interiorizo la canción, y listo. Al principio educar el oído es una experiencia no exenta de esfuerzo, pero tras años de práctica, se automatiza, y la recompensa es grande.

Este es un tema que me encuentro ahora practicando, un poco de Dixieland de la mano de Branford Marsalis y Harry Conick Jr.

Quiero aprender a tocar el saxo

Saxo

Hoy, mi amigo Juan Gamba, me escribía un email preguntándome consejos para aprender a tocar el saxo. Me ha sorprendido, no sólo en lo personal, sino porque a mí me parece una idea de locos, aun consciente de ahogar ilusiones diciendo esto.

Como diría Leopoldo, la razón estriba en:

– Un instrumento musical es muy esclavo. Si la disciplina de hacer footing todos los días nos cansa, pues esto no va a ser menos. Todos los días, sí, y los primeros años, sonará como una bocina, es decir, poco gratificante. Echémosle como poco 3 años para que suene a algo (salvo honrosas excepciones)

– La recompensa llega tarde. Se tarda mucho en formar un sonido bonito cuando se trata de un instrumento de viento. Esto no es una guitarra, que a los 14 años de edad, con un acorde en La menor, y otro en Do mayor, era suficiente para ligarte a alguna chiquilla, y que pareciese sonar a una canción de pop decente.

– Un viento es unísono. Unísono quiere decir que estás solo, y que tus meteduras de pata no se pueden disfrazar, como por ejemplo en la guitarra eléctrica. Además, el saxo sin acompañamiento, puede saber como lechuga sin aderezo.

– Un instrumento musical no es más que el ejecutor que la música que llevamos dentro. O, lo que es lo mismo, sólo podremos tocar lo que sabemos cantar. Es decir, que aprender a tocar un instrumento sin saber cantar (ojo, no es obligatorio tener una bonita voz) es como querer escribir sin tener nada que contar.

– Saber cantar lleva tiempo. Puedes aprender esto primero, y luego lanzarte a la aventura de tocar un instrumento.

– La música es un 80% ritmo, y probablemente me quedo corto. El ritmo lo puedes practicar en casa, y también antes de realizar la costosa inversión de comprar el instrumento.

Dicho esto, los consejos para aprender a tocar un instrumento serían:

– Aprende las canciones que más te gusten, las más sencillas. Aprende a cantarlas, grábate y escúchate. Primero con su acompañamiento, y luego tú solo (con esto comprobarás que efectivamente eres capaz de llevar el ritmo)

– Usa el intermitente como metrónomo cuando estés en un atasco. Trata de dar palmas a la vez que él, y luego a la contra, luego tríos, luego cuatros, etc.

– No está de más que mientras tanto, vayas aprendiendo la técnica del instrumento, pues estarás avanzando en algo muy costoso. Pero nunca toques sin saber cantar ni llevar el ritmo!

– Clases de harmonía de jazz funcionan, te ayudan a aprender lo esencial de todo lo que no es ritmo: modos, escalas, y harmonía. En resumen, tensión y distensión, que, como en los relatos, es en lo que consiste la música.

– Escucha TODO tipo de música. Toda ella está relacionada, pero esto lo dejo para un futuro post…