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AC/DC dice no a iTunes

Esta es una noticia digna de correr por internet en estos días a más velocidad que George Bush por los despachos de sus asesores de economía ¡y qué promoción tan eficaz para iTunes y el lanzamiento del nuevo álbum Black Ice!

Como siempre, lo triste es poner dicho anuncio en boca del guitarrista Angus Young, maniobra que me atrevo a atribuir a los managers del sello Columbia Records, o de la discográfica Sony BMG, sin sentir ningún pudor por la demagogia que ello supone, cuando al pobre Angus, como gran guitarrista que es – y millonario -, la batalla de esta industria discosáurica se la refanfinfla. No me extraña, las riñas de los managers de Apple y Sony BMG deben resultar tan aburridas como absurdas.

Maticemos. Angus Young defiende la idea de vender el álbum como lo conocemos hasta la fecha, y se opone a la idea de vender canciones individuales, porque ése no es el arte que él y su banda defienden, sino el álbum completo – iTunes comercializará el álbum, pero no ofertará las canciones de manera individual-. Bien es cierto que al genio le falla la memoria, ¿acaso AC/DC nunca comercializó singles? Defienda el álbum o el single, el consumo de la música ya ha cambiado, y sus canciones circularán individualmente para muchos, y en formato álbum para los super fans de AC/DC. No se pueden poner barreras al campo, y decir un no a iTunes es equivalente a cercar el prado con papel de fumar. Debería despedir su manager por sembrarle tanta confusión. Por dios que no se extienda a los acordes de su guitarra.

Pero el tema de álbum vs. canción individual me resulta un paradigma interesante para el creador. Por gracia del señor, el “álbum” se estandarizó tan pronto la tecnología lo hizo posible. Los 45 minutos aproximados de un álbum eran un espacio suficiente para que el artista se metiera de lleno en un nuevo trabajo, y el oyente llegara al final de su reproducción sin cansarse demasiado. Es más, esos 45 minutos resultaban ser unos 90 en directo o más, perfecto para cuadrar también en un directo. Pero no todo resultó ser tan bonito, y los oyentes pecábamos de inocencia, creíamos que todos los álbums tenían que ser buenos por definición, cuando nos encontrábamos con que las casas discográficas nos promocionaban pegadizos singles de artistas blandurrios, que mostraban su mediocridad en el resto de canciones de un trabajo. Eso sí, las cuentas, para las discográficas, resultaban un tanto jugosas.

Estamos ante una nueva manera de consumir. Dichas producciones mediocres no sobrevivirán porque ahora ya podemos comprar cuantas canciones individuales como nos plazca, y además preescucharlas en múltiples plataformas streaming antes de proceder a la compra. Además, queremos las dos opciones: álbum y/o canción. Si no estamos seguros, compraremos sólo una canción, y si las opiniones que circulan por la red son positivas, a lo mejor compraremos el álbum, o hasta iremos a un concierto.

Eso sí, para el artista, el “álbum” sigue siendo un tiempo óptimo para concentrarse en un nuevo proyecto. Eso si no eres Frank Zappa o un genio igualmente extrovertido, cuyo intelecto pone entre la espada y la pared hasta la capacidad de almacenaje de la nanotecnología.

Fuentes:

Telegraph

Bob Lefsetz

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La visión de Frank Zappa sobre la industria musical

Frank Zappa fue un genio musical y filósofo, que vuelve a mi mente con la misma admiración con que le conocí ¿Por qué será? Casualidad o serendicia, que diría nuestro amigo Iker Jiménez (mejor lo dice el Gran Wyoming al pariodarle), nació el 21 de Diciembre de 1940, y murió prematuramente, de un cáncer de próstata el 4 de Diciembre de 1993. Hoy estamos a 15 del mismo mes.

Le citaba en este post musical acerca de Chick Corea y Paco de Lucía.

Zappa es equivalente a creatividad sin límites, y célebre en afirmaciones que

ridiculizan la opinión pública, como 

el comunismo no funciona porque a la gente le gusta tener cosas”. Se confesaba adicto a las noticias televisivas por su sordidez, que le valían de descanso en sus largas sesiones diurnas y nocturnasde su estudio musical, en casa, componiendo. Reivindicaba la libertad de expresión sin tapujos, y tachaba de corto a quien no lo hiciera, de absurdo. De su autobiografía, se me quedó grabada la narración de un concierto en su catapulta a la fama, en el que un miembro del público le preguntó:

– Disculpe, ¿puedo subir a tocar con vosotros?

– ¿Y usted qué toca?

– Yo, ¡nada!

– Venga ¡sube!

Y le dio unas maracas.

Me encantó comprobar que la actitud de partida de este genio musical, fuera de ridiculizar la música, ridiculizar su propio genio. Realmente, no hay más que escuchar sus composiciones para caer en ello.

En este vídeo, Frank Zappa se adelanta a nuestros tiempos, y relata lo

 que estamos viviendo ahora. Evidencias tan claras nos cuesta aceptarlas.

Antiguamente, los antiguos gerentes de las compañías de discos eran mayores que no tenían idea de música. Lanzaban éxitos, o no, o totales fracasos. Podíamos disfrutar de esos éxitos aleatorios, esos artistas por accidente. Entonces llegaron los jóvenes, ésos que comenzaron poniendo un café a ese jefe carca de la discográfica, y el camarero de oficina acabó convenciendo de que él era quien

conocía los gustos de los jóvenes, la música guay. Y claro, esta chavalería, servidores de café, y super cool ganaron poder en la empresa, y el público acabamos rodeados de música elegida por jóvenes que creen saber lo que quieren,

 lo que mola, a la vez que desaparecen esos accidentes musicales. Estamos, por tanto, advocados a la mediocridad. Y los músicos emergentes, condenados a ser educados de una manera particular con el único objetivo de vender más. Lo compara también con educaciones de práctica sectaria, en la que a los jóvenes no se les da elección.

Qué genio fue Frank Zappa, y qué contradicción, pues era ferivente creyente del capitalismo. Ay, Frank, ¡eso es precisamente de lo que se nutre capitalismo!

Se llama también subsistencia de empresas, rentabilidad de accionistas, o comisiones golosas, y dicen que los mercados más rentables son los de los jubilados y la chavalería. Tiene por tanto sentido que las casas discográficas se preocupen de crear infantiladas (Alejandro Sanz), o abueladas (relanzamiento de Barbara Streisand).

Músicos, ¡a las barricadas!