Soportes musicales

Dominical Missal partitura

Leo en esta entrada de wikipedia, que el copyright se inventó por primera vez en la corte de la reina Isabel I, como concesión económica a los compositores de la corte Thomas Tallis y William Byrd. Hablamos del siglo XVII.

La primera transcripción al medio impreso de una canción, fue el Mainz Psalter, en Alemania, en el S XV.

Estos era entonces los medios de los que disponían los clérigos para memorizar música, y más tarde organizarse y cantar misas en conjunto.

En las cortes, disponer de los mejores compositores era un objetivo compartido en Europa. Al compositor en cuestión se le pagaba por crear para el rey, y por tanto, dejar registradas sus obras para la posteridad. Además, al tratarse de obras interpretadas por muchos músicos a la vez, música de cámara, había que coordinar a todos los músicos. La partitura fue el medio utilizado para esta organización.

Aún recuerdo cuando intentaba fotocopiar obras para saxofón, y resultaba que estaban editadas en un tamaño superior al A4, para jorobar y que no quedaran bonitas. Para proteger el copyright.

Los compositores tenían la música en la cabeza, y la registraban en la partitura. Esto es un hecho que se ha olvidado en la enseñanza musical de hoy por hoy. – La música siempre se debe concebir de dentro hacia afuera -. Además, a lo largo de la historia la tecnología ha hecho posible que la partitura evolucione a vinilo, casette, CD, mp3 con DRM (esto no era necesario), mp3 sin DRM, y en formato audiovisual. La distribución de la misma ha pasado de ser física, a virtual o ipsofacto, gracias a internet.

Hoy por hoy, la música fluye por internet. Ya no son necesarias las partituras, aunque sí pueden ayudar para trabajar de manera organizada. Por ejemplo las orquestas, que siempre la necesitarán.

Ya nunca practico el saxo con partituras, a pesar de haberlo hecho, y mucho, en el pasado. Youtube, iTunes, y otros recursos audio o audiovisuales me permiten acceder a cualquier música que deseo escuchar y trabajar. La escucho repetidamente, interiorizo la canción, y listo. Al principio educar el oído es una experiencia no exenta de esfuerzo, pero tras años de práctica, se automatiza, y la recompensa es grande.

Este es un tema que me encuentro ahora practicando, un poco de Dixieland de la mano de Branford Marsalis y Harry Conick Jr.

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